Con la llegada de septiembre, poco a poco empezamos a pasar más tiempo en casa. Los días se acortan, las mañanas y las noches refrescan y volvemos a recuperar espacios que durante el verano hemos utilizado menos. El sofá, el dormitorio, la entrada o incluso la mesa del comedor vuelven a tener más protagonismo.
No hace falta hacer grandes cambios ni transformar la casa por completo. A veces, basta con adaptar algunos detalles para que resulte más cómoda y agradable durante los meses que vienen.
Recuperar el dormitorio para las noches más frescas
Durante el verano solemos simplificar mucho la cama. Sábanas ligeras, poca ropa y tejidos frescos. Cuando empiezan a bajar las temperaturas, conviene revisar qué vamos a necesitar para dormir cómodamente sin esperar a que llegue el frío de golpe.
Es un buen momento para sacar colchas algo más abrigadas, comprobar el estado de los edredones y tener a mano alguna manta ligera. También merece la pena revisar las sábanas y las almohadas, sobre todo si llevan varios meses de mucho uso.
No se trata de preparar ya la casa para pleno invierno, sino de ir adaptando el dormitorio poco a poco para que el cambio de temperatura no nos pille desprevenidos.
El sofá vuelve a convertirse en uno de los lugares más utilizados
Con menos horas de luz y más tiempo en casa, el salón recupera parte de la importancia que pierde durante el verano.
Una manta ligera, unos cojines cómodos o una funda que proteja el sofá pueden hacer que este espacio resulte más agradable para leer, ver una película o simplemente descansar al final del día.
También es un buen momento para revisar si los textiles del salón siguen siendo prácticos. Si una manta ya no abriga, una funda está muy desgastada o una alfombra ha perdido comodidad, quizá convenga sustituirla antes de que empiece la temporada de más uso.
Aprovechar mejor la luz natural
En septiembre ya empezamos a notar que los días se acortan. Por eso conviene aprovechar al máximo la luz natural durante las horas en las que está disponible.
Los visillos translúcidos permiten que entre claridad sin renunciar a la intimidad, mientras que unas cortinas algo más gruesas pueden ser útiles cuando empiecen a bajar más las temperaturas.
También ayuda mantener despejadas las ventanas y evitar colocar muebles u objetos que bloqueen la entrada de luz. Son pequeños cambios que pueden hacer que una habitación resulte más luminosa durante buena parte del día.
Volver a prestar atención a la entrada de casa
Durante los meses de calor apenas necesitamos más que unas llaves y unas sandalias al salir. Cuando llega el otoño, la entrada empieza a llenarse de chaquetas, bolsos, paraguas y calzado más pesado.
Un perchero, un felpudo en buen estado o algún espacio sencillo para dejar lo que utilizamos a diario puede evitar que todo termine repartido por sillas y habitaciones.
La entrada es uno de esos lugares a los que no siempre prestamos demasiada atención, pero organizarla bien facilita mucho el día a día.
Revisar los textiles que usamos todos los días
El cambio de temporada también es una buena excusa para revisar toallas, paños de cocina, manteles y otros textiles de uso cotidiano.
No hace falta renovarlo todo. Simplemente comprobar si siguen secando bien, si están muy desgastados o si tenemos suficientes piezas para el ritmo habitual de lavados.
A veces seguimos utilizando una toalla que ya no absorbe bien o un paño de cocina que ha perdido eficacia solo porque todavía no está roto. Cambiar estas pequeñas cosas puede mejorar bastante la sensación de comodidad en casa.
Preparar espacios para disfrutar más del tiempo en casa
Cuando empezamos a pasar más horas dentro, también cambia la forma en la que utilizamos las habitaciones. Volvemos a cenar más veces en casa, a ver películas en el sofá, a leer o simplemente a pasar más tiempo descansando.
No hace falta crear un rincón nuevo ni redecorar. Muchas veces basta con hacer más cómodo lo que ya tenemos: una manta cerca del sofá, una mesa bien preparada, una luz más agradable o una cama que invite a descansar.
Preparar la casa para los meses que vienen no consiste en llenarla de cosas ni en cambiar toda la decoración. Se trata de adaptarla a cómo vamos a vivirla durante las próximas semanas.
Porque cuando el tiempo fuera cambia, también cambia nuestra forma de disfrutar de casa.
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